
Arcadi se recrea con Belbel y propone una huelga la japonesa...
¿Qué es esa tontería de Vizinczey de que uno no puede amar a su verdugo? El nacionalismo es la cueva del sado y ahí está Belbel lameteando, incesante, la punta del zapato. El dramaturgo Belbel sigue creyendo que lo llamaban charnego porque no hablaba en catalán. Un día que lo vea que le pregunte a Azúa cuántas veces en su vida le han llamado charnego.
Pero, ¿y este otro González? Una huelga de hambre porque a la niña le enseñen en dialecto. Como aquel que llama genocida a todo muerto viviente. En fin, me tranquiliza que la huelga sea con intermitencias. La batalla lingüística está absolutamente ganada en Cataluña. Si es que algo había que ganar. Citaba Pericay el otro día al académico Triadú: “Hemos ganado el aula, pero hemos perdido el patio”. Han perdido el patio. Es decir, el mercado. “Los mercados son conversaciones” dice la primera línea del Cluetrain. Es una evidencia. El catalán es la maría de la época. Una lengua ortopédica, institucional, antipática, que sólo vive de la subvención y de la respiración asistida. Y convertida, ahora, gracias al cuatripartito y a sus oficinas de vigilancia, ¡en la lengua de la policía! ¿Huelgas de hambre? ¡Huelgas japonesas haría yo! En la inmersión se han ahogado los belbeles. Ha salido barato. Ahora están obligados a la humillación directa. Sin la lengua sobre el zapato interpuesta.
Por Prevost
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