Los de las chekas ya se habían inventado un Comité de Vigilancia de la Retaguardia, y un Consejo de Seguridad para tales menesteres, donde las decisiones las tomaba un veinteañero llamado Santiago Carrillo, todo esto siempre según una versión que no es la de Carrillo, claro.

“Matar... matar, seguir matando hasta que el cansancio impida matar más... Después... Después construir el socialismo”.
Cientos de víctimas molestas, escogidas, sacadas de las cárceles para morir en la construcción del socialismo bajo la mentira de traslados o libertad. Evacuación definitiva. Enterrados en unas fosas que vieron por espacio de segundos como su ultima morada. Fusilados en masa. Como en aquel largo infierno del Tercer Reich. Como bajo otros muchos infiernos.
Según el historiador Cesar Vidal, la existencia de fosas tan enormes cavadas con anterioridad, demuestra hasta que punto las matanzas no fueron improvisadas.
Carrillo, que obviamente despachaba con los subalternos y algo tenía que saber, dice que no se enteró de nada aunque sí admite haber luchado contra la “quinta columna”. A lo mejor es verdad que no supo nada por las prisas de la guerra, despistes o cosas así. Dice también Santiago Carrillo que 'en España se puede decir lo que se quiera, aunque no sea cierto'.
Y en eso acierta.
Por Cruzcampo
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