
Grass, está claro, no fue un rebelde del swing. Los chicos del swing entendían más que nadie de música americana, vivían en una Alemania fascista a punto de entrar en guerra y cometer un Holocausto sin precedentes en la historia europea, bailaban todas las tardes al ritmo de la música extranjera con movimientos impropios de un perfecto alemán, desafiaban a las SS llevando el pelo largo y viviendo a su manera, y caminaban por la calle valientemente, sabiendo que podían recibir una somanta de palos de tíos como Günter Grass .
Algunos sucumbieron escuchando los cantos que acariciaban oídos demasiado tiernos, o demasiado perversos. 'Perteneces a una raza especial', 'no tengas miedo', 'delata a tu madre', 'cuéntanos qué hace tu padre'; los nazis se sirvieron de la inocencia y las bajas pasiones juveniles para limpiar de insumisos e irredentos un país enfermo de soberbia; donde un comentario a destiempo en la pescadería o una mirada equívoca entre vecinos le podía costar a uno la vida.
De la tragedia de resistir intentando ser uno mismo hablaba esta película interpretada por Robert Sean Leonard y Christian Bale. De la desobediencia a las imposiciones del fascismo, de los que utilizaban tan sólo su juventud y su esperanza para oponerse al totalitarismo y a la mentira, en un mundo cruel y desagradecido. El mismo mundo que hoy ensalza y premia como grandes pensadores y modelos democráticos, lo mismo a antiguos miembros de las Waffen-SS que a chupadores de culos dictatoriales . Porque curiosamente hoy, los defensores de las dictaduras tienen la tranquilidad de que nunca van a ser apaleados, y los verdaderos rebeldes, los que se resisten a ser cautivos, casi nunca son laureados, y casi siempre son anónimos.
Bonus track para fans de Dr Wilson
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