Lo que no ha dicho el tontolaba es si en la categoría de elementos peligrosos solo se incluyen las abuelitas con abrigo de visón, o también las abuelitas con lujosos fondos de armario de primeras marcas y exclusivos diseños, de esos para lucir uno cada día y, en especial, en las sesiones de control del Gobierno en el Pleno del Congreso. Porque supone uno que si se es de derecha extrema por demostrar cierta ostentación en el vestir, la regla debe valer igual para todos, ¿no? Claro que quizás el tontolaba ha llegado a la conclusión de que existen abrigos de pieles de izquierdas y abrigos de pieles de derechas, que los primeros son abrigos de pieles proletarios, y los segundos abrigos de pieles burgueses, aunque el visón sea el mismo. A mí, con todo, el tontolaba me resulta entrañable. ¿Qué haríamos nosotros, pobres plumillas, sin esas lúcidas exposiciones, sin esos nítidos precetos, sin esa excepcional oratoria?

Quevedo en la concentración
de peones negros de Noviembre.
El tontolaba es como un cruce entre Don Camilio y Manolo –el de Manolo y Benito Corporeision-, una figura un tanto blanquecina sin la que no podríamos vivir. Suyas son aportaciones transcendentales para la vida política como la de ‘derecha extrema’, que es una forma inteligentísima de llamar al PP extrema derecha sin que se den cuenta, porque ellos sí que son tontos, sí, aunque no lo parezca, ¿verdad?
Por Prevost
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