Los árabes además, han concluido que por más que miran el mapa, no ven por ningún lado un solo Estado vinculado a su identidad y religión, y es por ello que no aceptan a Israel como Estado judío. De lo que se deduce que han ido a Anápolis a tratar con un Estado que no quieren que exista, para crear un Estado que tampoco quieren crear.
Así que bueno, mucha gente se preguntará por qué van estos líderes de Occidente a las conferencias de Paz para volverse sin la Paz, y con esa cara de entusiasmo, encima. Y otra gente pensará que no, que hacen bien. Que yendo a todas las cumbres buenrollistas una y otra vez y haciéndose fotos y estrechando manos - cuando les dejan estrecharlas-, al final siempre puede resolverse algo.

Pero qué se va a resolver cuando los árabes piden sin ofrecer y Occidente ofrece sin pedir, buscando consenso o “aliados”, aunque sólo sean temporales. O buscando el aislamiento –creerán ellos- a los chiíes ayatolas, por su amenazante postura y su conexión con Hamas, Hezbollah y las escabechinas de Iraq. El rollo apaciguador de siempre para ganar tiempo y a la vez perderlo. Y para firmar un papel fingiendo una equidistancia moral entre ambas partes que ya suena a cachondeo.
Y todo eso teniendo Olmert en juego a un país entero y sabiendo que de vuelta a casa se encontrará con otra colección de misiles en la puerta. Sabiendo, en definitiva, que los planes y la mentalidad jihadista de aquellos con los que pretende negociar, son algo innegociable.
Por Cruzcampo
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