"Aparte de por mí, juego por mi país y eso es una motivación extra"
Rafael Nadal, un mallorquín que a diferencia de nazionalistas del PSOE como Antich, no impone lenguas ni obligaciones a sus compatriotas, sino que tan sólo regala esfuerzo y entretemiento a la tribu propia y ajena.
Incomprensible para los nacionalistas o los randyanos más acérrimos, pero de enorme inspiración humanística para el hombre del siglo XXI o para filántrópicos pedantes como yo.

Por Prevost
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