
Hete ahí otro de los grandes problemas que arrastran los países subdesarrollados, con sociedades que no han transitado aún por el siglo XX occidental de los fascismos y comunismos, o mejor dicho, sí lo han hecho, en parte, porque les falta la bota de Stalin en la cabeza: Pero la pobreza y unas constituciones laxas les hacen desfallecer ante cualquier Napoleón de tres al cuarto. Si observamos lo frágiles que todavía a día de hoy son los estado de derecho europeos para hacer frente al Islam, nacionalismos o socialismo postcomunista, uno irremediablemente podría ponerse pesimista, a mí me queda el consuelo de que con sus traspiés, las sociedades avanzadas, las progesistas y abiertas, productivas, siguen siendo las que acogen la Libertad, las repúblicas constitucionales.
Así que tarde o temprano -más bien lo primero- Venezuela a un lado, o Congo por otro, o Arabia por allá, acabarán siendo democracias consolidadas, pero me produce tristeza pensar cuántas generaciones de ciudadanos asesinados, maltratados, robados o hambrientos, se perderán, se han perdido, por el camino.
Por Prevost
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