Otrora una flor hermosa,
colorida y olorosa,
de fragancia deliciosa,
atractiva y primorosa.
De pétalos delicados
delicia de mariposas
que alegremente volaban
posándose en su corola.
Llegaron negras avispas
con su carga de ponzoña,
mariposas espantadas
huyeron a extrañas costas.
Entristecida la flor
en muestra de su congoja,
dejando caer sus pétalos
empezó a secar sus hojas.
Poco tiempo transcurrió
antes que la flor muriera,
solo quedaban espinas,
nada de lo que ella fuera.
Al no tener que libar
las avispas insidiosas,
movieron a otro lugar
sus entrañas venenosas.
Surgiendo de las cenizas
como el Fénix de la historia,
resurgió la bella flor,
volvieron las mariposas.
Reinó de nuevo la paz
en Cuba, tierra gloriosa,
paraíso terrenal
de flores y mariposas.
Visto en Poesía cubana desde el Exlio.
Por Prevost

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