Comparto con Tamarón otra vestimenta de nuestros papeles sociales: no somos filólogos, pero amamos la lengua española. El idioma común es una partida del patrimonio de los españoles a la que Hacienda no ha sabido aplicarle un impuesto. Menos mal.
[...]
La escritura de Tamarón alterna las expresiones castizas y populares con las voces cultas. El lector se siente estimulado a consultar de vez en cuando un diccionario. Al final queda la sonrisa. Resulta que el sedicente misoneísta es sobre todo amable.
El resto, pinchando aquí. Era bromaaa, aquí.
Joorl, a dormir.
Por Prevost
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